Nacido en Londres en 1928 en el seno de una familia noble y riquísima (descendientes del conquistador Cabeza de Vaca, con propiedades en España, Francia, Inglaterra, EEUU), su padre había sido actor, deportista y héroe de guerra en el bando nacional (murió en 1941 mientras se daba una ducha fría tras un partido de polo), su madre era americana (irlandesa, según otras fuentes) , su padrino de bautizo, el rey Alfonso XIII. Fon de Portago fue un "niño bien", con la vida resuelta desde la cuna y huérfano de padre desde los 12 años, se consagró a la "dolce vita" y a los deportes.
Los practicó casi todos (polo, pelota vasca, golf, natación, esgrima, boxeo, esquí, skeleton...), aunque en los que más destacó fueron: la hípica (campeón amateur de Francia entre 1950 y 1952, corrió dos veces el "Grand National"), la aviación deportiva (se le retiró en Palm Beach la licencia por cruzar bajo un puente de ferrocarril por una apuesta), el automovilismo (Fórmula 1, GT y sport, piloto de Ferrari) y el bobsleigh (excusa de este artículo)...
Portago había descubierto los trineos en Suiza de la mano de su amigo Edmund Nelson y había destacado en skeleton, batiendo el récord de la célebre Cresta Run de Saint Moritz. Poco después decidió crear (sufragando todos los gastos de su bolsillo) dos equipos españoles de bobs (de cuatro y dos) para competir en los JJOO de Cortina d´Ampezzo 1956.No vivía en España y no tenía apenas relación con otros deportistas españoles, por lo que decidió "echar mano" de sus primos madrileños y sus amistades para completar los equipos. Su primo hermano Vicente Sartorius Cabeza de Vaca (padre de Isabel Sartorius, primera novia del Príncipe Felipe) formó pareja con él en "bobs a dos".Gonzalo Taboada y Martínez de Irujo y Luis Muñoz Cabrero les acompañaron en el "bobs a cuatro". Otros inscritos inicialmente que no llegaron a participar fueron (según "La Vanguardia", 22 de enero de 1956, pág.28): Antonio Marino, Enrique Martorell y el celebre periodista Andrés Mercé Varela. La página web del COE, (en su repleta de errores, omisiones e incoherencias) relación de "olímpicos españoles" incluye a Mercé Varela y a Martorell.También a Antonio Sartorius Cabeza de Vaca, que en las restantes bases de datos y fuentes no aparece... (puede existir una confusión de nombres y títulos, y el "Antonio Marino" de "La Vanguardia" ser en realidad Antonio Sartorius, Marqués de Mariño).
Todo se improvisó en pocos meses y Portago fue apoyado en su aventura por el Presidente de la Federación Española de Patinaje, Juan Antonio Samaranch, de quién dependía el bobsleigh en la extraña división federativa española de la época. No fue fácil porque Portago era un monárquico antifranquista y su caracter díscolo y el hecho de que él se sufragara los gastos no facilitaba las cosas. El COE y la Federación de Esquí no disimulaban su enojo por el protagonismo de Portago y los trineos (agrabada por la participación en patinaje artístico de Darío Villalba Florez, un joven de 17 años que también se "pagaba" la aventura, y que llegaría a ser un importante pintor...) y estos "roces" llegaron incluso a filtrarse a la prensa ("La Vanguardia", 13 de enero de 1956, pág.16), pese a la ferrea censura de la época.
Las relaciones personales entre Samaranch y Portago tampoco fueron fáciles, se explica que en una ocasión durante los JJOO en la que el marqués estaba charlando con amigos, Samaranch (Jefe de la Delegación Española, además de Presidente de la Federación de Patinaje) se acercó a recomendarle que entrenara, a lo que el snob deportista le espetó: "¿usted habla inglés?", "no" respondió Samaranch (lo aprendió más tarde), "pues aquí (en esta mesa) no se habla otra cosa, así que..."(1)
Todos estos problemas, la falta de experiencia y de entrenos y demás handicaps, no fueron obstáculo para Portago y su primo, que rozaron la medalla de bronce al quedar cuartos, a catorce décimas del podio copado por los dos equipos italianos y el primero de Suiza.Curiosamente el bobs de Portago y Sartorius fue el "España II", y según algunas fuentes el "España I" se inscribió para permitir viajar a directivos sin intención de participar, lo que obligó al trineo "real" a salir más tarde con la pista "más sucia" impidiéndoles conseguir medalla. (2)
El equipo de cuatro consiguió un digno noveno puesto y los españoles se convirtieron en los deportistas de moda, muchos años antes de que los jamaicanos rentabilizaran mediaticamente (con película incluida) el crear de la nada un equipo de bobs y compitieran en Calgary 88...
El Ferrari 335S número 531 se estrelló contra un murete a más de 200 km/h tras explotar un neumático o romperse la suspensión (nunca se supo con certeza) y, tras salir despedido, Portago fue seccionado por la mitad por un cable eléctrico...
Su funeral en Madrid fue ampliamente cubierto por la prensa de sociedad ("rosa" diriamos hoy), pues dos viudas le lloraron (su esposa Caroll McDaniel y su amante, Linda Chistian) , además había tenido un hijo con la top model Dorian Leigh.
Hoy en día es un personaje semiolvidado en nuestro país, creo que la curva que lleva su nombre en el vetusto Circuito del Jarama es el único homenaje a este curioso personaje casi renacentista que estuvo a punto de darnos la primera medalla en unos JJOO de Invierno 16 años antes de que Paquito Fernández Ochoa diera la campanada en Sapporo.
Por supuesto el equipo español de bobsleigh que había rozado medalla en Cortina 56 y la había logrado en el Mundial 57 desapareció junto a su alma mater. Hubo un intento de reconstruirlo en 1960 con los hermanos Sartorius, Luis Muñoz y el polifacético Miguel de la Cuadra Salcedo, para ello se recuperó el bobs de dos plazas del malogrado Portago y se compró uno de cuatro plazas nuevo, desgraciadamente en los JJOO de Squaw Valley no hubo bobsleigh y la aventura se olvidó.
Definitivamente parece que los deportes de hielo y el apellido Samaranch tienen una fuerte relación.
Notas:
(1) "Samaranch.El deporte del poder". Boix, Jaume y Espada, Arcadi. Espasa Hoy,1991-1999. Página 224.
(2) "El deporte guipuzcoano en los Juegos Olímpicos". AA.VV. (Prólogo de Juan Antonio Samaranch). Kutxa, 1992.
Página 322.






