sábado, 7 de abril de 2012

LOS PROFESORES ASTURIANOS EN EL CONGRESO DE 1894. SU TESTIMONIO


La presencia de tres profesores de la Universidad de Oviedo (Aniceto Sela Sampil, Adolfo González Posada y Adolfo Álvarez Buylla) en el Congreso convocado por el barón de Coubertin en La Sorbona en junio de 1894 para debatir el restablecimiento de los Juegos Olímpicos fue un hecho "descubierto" por nuestros historiadores del deporte en fechas relativamente recientes y muy mitificado y adulterado.
Buena parte de lo repetido sobre el tema nace de un libro de 1992 titulado Los pioneros españoles del olimpismo moderno de Ángel Martínez Magdalena. Es un libro cuyas conclusiones no comparto, pero reconozco al autor un trabajo de investigación infrecuente en las obras sobre la temática en nuestro país (tan repletas de autocitas y tópicos, tan huecas), así como la divulgación de varios documentos históricos importantes, como las cartas enviadas desde la universidad asturiana a Coubertin.
Desde entonces la leyenda de los profesores enamorados del sport y el olimpismo que viajan a París para asistir al congreso representando a España en el mismo y contribuyendo al restablecimiento de los Juegos se ha consolidado, con las placas, homenajes y libros de rigor. Ya es verdad, la verdad oficial.
Es sorprendente que nadie haya tenido en cuenta el relato de los propios protagonistas, para hacerlo hubiera bastado acudir a la Biblioteca Nacional y leer el ejemplar de la revista La España Moderna de agosto de 1894. Concretamente el artículo titulado La enseñanza en París a vista de pájaro de Adolfo González Posada, en el que relata su viaje con detalle. Su duración (cerca de un mes), su ruta (Bayona, Lourdes, Toulouse, París), su presupuesto (400 y pico pesetas) y su motivo ("estudiar en Francia la cuestión de los exámenes" como comisionados de la Dirección general de Instrucción Pública).
También el motivo de su presencia en el congreso (la coincidencia de fechas), su asistencia ("algunas sesiones"), sus aportaciones ("Nuestras muchísimas ocupaciones nos impidieron tomar parte activa en las deliberaciones del Congreso") y la impresión que les causó Coubertin ("un gran chasco").



A Posada quien le impresiona realmente es Paschal Grousset, porque su visión del deporte no competitiva y sus ideas sociales coinciden mucho más con las suyas que las del elitista Coubertin.

Paschal Grousset (también conocido por numerosos alias: Doctor Flavius, André Laurie, Philippe Daryl... en sus etapas de proscrito) es uno de esos personajes borrados de la historia, prácticamente olvidados. Sin entrar en sus facetas política y literaria, debería ser recordado como uno de los grandes divulgadores del deporte en Francia, siempre desde una perspectiva popular y social. Era muy crítico con la visión competitiva y "versallesca" de Coubertin y éste le odiaba profundamente, llegó a decir de Grousset que "le despreciaba y no quería tener ninguna relación con él".
Finalmente Coubertin ha pasado a la historia como el restaurador de los Juegos Olímpicos y Grousset ha sido olvidado. Victoria para el barón.
Sobre la misteriosa invitación de Coubertin a la Universidad de Oviedo (la Sociedad Gimnástica Española también la recibió y se adhirió por carta, sin enviar delegados) la explicación podríamos hallarla en la correspondencia que el barón mantuvo con Francisco Giner de los Ríos.
Coubertin admiraba a Giner (pese al abismo ideológico entre ambos) e intentó que estuviera en el congreso de 1894, ofreciéndole incluso ser miembro de honor del mismo, en su correspondencia se intuye que le consideraba su "hombre en España". Pero el interés de Giner de los Ríos por el deporte era relativo y probablemente no compartía la visión de Coubertin en muchos aspectos. No viajó a París en 1894, pero sabía que unos amigos suyos (krausistas como él) sí lo iban a hacer como delegados de Instrucción Pública en esas mismas fechas. La Universidad de Oviedo recibió la invitación y nuestros profesores se dejaron caer por La Sorbona a saludar entre visita a una escuela y visita a un orfanato. Sabemos que Sela escribió a Coubertin solicitando las conclusiones del Congreso para "elaborar un artículo para los periódicos españoles", nunca lo hicieron. En 1896 se celebraron los primeros JJOO de la Era Moderna y España brilló por su ausencia. Pocos años después, tras interrumpirse su correspondencia con Giner, Coubertin entró en contacto con el conde de Mejorada del Campo (futuro marqués de Villamejor) y le convirtió en su nuevo "hombre en España". Comparar sus cartas con las de Giner de los Ríos debía deprimirle mucho y es un personaje que llegó a exasperarlo, pero esa es otra historia...

© Fernando Arrechea Rivas