sábado, 9 de junio de 2012

RESEÑA DEL LIBRO "EL COE. UN SIGLO" DE DON CONRADO DURÁNTEZ


El Comité Olímpico Español, para conmemorar el centenario que está festejando en este año acaba de publicar un libro titulado El COE. Un siglo cuyo autor es el presidente de la Academia Olímpica Española don Conrado Durántez Corral.

Se trata de un libro breve (76 páginas, muchas de ellas de fotografías) y que no podemos considerar como estrictamente nuevo ya que sus cinco primeros capítulos son una repetición (prácticamente literal, con algunos añadidos) de otro libro anterior (1999, reeditado en 2003) del señor Durántez: El Comité Olímpico Español. Orígenes y Naturaleza Jurídica. La máxima novedad que presenta la obra es el capítulo VI titulado La enconada y disidente polémica sobre un hecho constatado y cierto en el que el autor responde a los defensores de la teoría que data la fundación del COE en 1905 (principalmente a un servidor). El señor Durántez describe así mis investigaciones: “monocorde argumentación”, “machacona redundancia”, “variopinta feria de fuegos artificiales”, “mosconeo desinformador”, “veladas acusaciones y descalificaciones”, “incesante trabucar”, “cansina mecánica repetitiva”, “numantina impavidez”, “manifiesta falta de rigor de ignorado objetivo”, “tan sañudamente se pretende…”, “temeraria”, “extravagante idea”, “tediosa campaña llevada a cabo por el señor Arrechea en contra de lo estudiado, documentado, probado y oficialmente admitido” y en las conclusiones afirma: “No es justo, ni científicamente democrático, dedicarse a atacar la honorabilidad de instituciones públicas socialmente respetadas utilizando subterfugios falsos o carentes de rigor evidenciadores de extraños objetivos no conocidos”.
No tengo intención de entrar en este tipo de debate, carezco de tiempo libre para ello y no me parece que aporte gran cosa a la historia del olimpismo español el que las escasas personas que nos dedicamos a este tema nos lancemos públicamente este tipo de piropos y halagos. Yo no tengo nada personal contra el señor Durántez, nunca he atacado la honorabilidad del COE ni tengo extraños objetivos conocidos o desconocidos. Mi principal objetivo en la investigación de nuestra historia es seguir el mandato que me hizo el Presidente Samaranch en una ocasión: “¡Busque siempre la verdad, sólo la verdad!”.
Y opino que el COE se fundó en 1905 y creo haber aportado pruebas de ello que el presidente de la Academia Olímpica Española no rebate ni comenta.

Retornando a la reseña del libro la principal novedad de sus cinco primeros capítulos son algunos añadidos a la información sobre la participación española en París 1900. El hecho de ser párrafos añadidos al texto de 1999 ha provocado ciertas incoherencias, además de algunas erratas y omisiones:
- En la página 20 se afirma que el “primer competidor olímpico y finalista de que se tiene noticia” es don Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa y en la página 24 sin embargo podemos leer “el primer participante olímpico español en los Juegos Modernos fue Mauricio Álvarez de los [sic] Asturias Bohórquez [sic] y Ponce de León, Duque de Gor”.
- En la página 20 se llama a los puntistas vencedores del torneo para profesionales de 1900 “el bilbaíno Barrenechea y el madrileño Estuarte [sic] ” y en la 25 “Barrenechea-Ituarte”. Se trataba de dos pelotaris de Marquina (Vizcaya) llamados Miguel Ángel Barrenechea y Juan Ituarte. Al también pelotari profesional José Elícegui (pareja de “Abadiano”) se le llama “Elízegi”.
- Por primera vez en un libro del COE se escribe el nombre completo de los puntistas vencedores del torneo para amateurs de 1900 reconocidos por el COI como campeones olímpicos en 2004, aunque con alguna errata y sin mencionar al descubridor de su identidad. Página 24: “el madrileño Francisco Villota y Baquiola y al alavés José de Amézola y Aspizcúa [sic]”
- Se menciona además a Amézaga (tiro al pichón) y a Luis Errazu (polo). Destaca la ausencia en el libro del equipo de remo del Real Club de Regatas de Barcelona formado por Antonio Vela, Ricardo Margarit, Joan Camps, José Formica-Corsi y Orestes Quintana y la de otros competidores españoles en los Concursos Internacionales de Ejercicios Físicos y Deportes de París 1900 (el marqués de Guadalmina, el ciclista profesional Soler, el atleta profesional Estella, etc.) Tampoco se menciona a Fernando Sanz (ciclista francés y medalla de plata, hijo no reconocido de Alfonso XII).
- El señor Durántez reconoce a Héctor Argüelles el mérito de estos nuevos hallazgos sobre París 1900: “Héctor Argüelles, Presidente de la Asociación Internacional de Alumnos de Olimpia, publicó en Octubre de 2011 el resultado de sus investigaciones en los archivos del Comité Olímpico Internacional, sobre el nebuloso desarrollo y organización de los primeros juegos parisinos”. Sin ánimo de polemizar al respecto y sin conocer la publicación del señor Argüelles (que me encantaría leer) debo recordar que en 2009 publiqué el libro 1900. La Primera Aventura Olímpica Española en el que daba todos esos datos inéditos sobre la participación española en los Concursos parisinos de la Exposición Universal de 1900.
- El señor Durántez reclama el reconocimiento de la “medalla” del marqués de Villaviciosa de Asturias en tiro al pichón de 1900. Dada la cuota de inscripción a dicho torneo (“Gran Premio del Centenario”) y los premios económicos que recibieron los ganadores (2.500 francos nuestro marqués) parece difícil que el COI rectifique su decisión de 2004, el informe de mi admirado Bill Mallon fue definitivo. Tampoco parece muy “olímpico” un concurso de tiro en el que se mataron tantos animales. Creo (si se me permite la broma) que ni la intercesión de Santa Maravillas (prima hermana de don Pedro Pidal) puede permitir que “recuperemos” esa medalla fantasma.

En el capítulo VI, tal como decíamos, el autor se centra en atacar la teoría que sitúa el nacimiento del comité olímpico nacional de España en 1905 con los argumentos que ya ha repetido en otras ocasiones:
“Si los Juegos de 1906 no fueron organizados por el Comité Olímpico Internacional; Si desde Pierre de Coubertin, que siempre los rechazó, nunca han sido admitidos estos en el ámbito olímpico; Si la “Comisión” que en España se creó nunca tuvo rótulo olímpico alguno ni nunca lo pretendió; Si sólo consta que tal “Comisión” pudiera haberse reunido una vez, y si en definitiva para el acontecimiento para el cual la “Comisión” se había constituido al fin no asistió al mismo, ¿en qué se basa la extravagante idea de mantener que la referida “Comisión” fue el primer Comité Olímpico Español?” (Página 69).

Vayamos por partes:
- ¿Los “Juegos” de 1900 ó 1904 fueron organizados por el COI? Es cierto que Coubertin era contrario a los Juegos Olímpicos de Atenas 1906 (aunque paradójicamente fue el presidente del Comité Francés de dichos JJOO) y que hizo lo posible por borrarlos del palmarés y casi de la historia, pero en 1906 nadie dudaba de la oficialidad de los mismos. Ni siquiera el conde de Mejorada del Campo (miembro español del COI desde 1902, futuro marqués de Villamejor, fundador del COE según el señor Durántez) quien el 22 de junio de 1906 enviaba al Heraldo de Madrid la revista oficial del COI para que se publicaran los resultados de los JJOO de Atenas. En la actualidad muchos historiadores olímpicos (entre ellos los más activos y prestigiosos, agrupados en el llamado “The OlyMADMen”: Bill Mallon, Jeroen Heijmans, Hilary Evans, Martin Frank, etc.) con los que tengo el honor de colaborar en la base de datos de olímpicos http://www.sports-reference.com/olympics/ son críticos con la decisión de Coubertin de borrar los JJOO de 1906 y los consideran como olímpicos a todos los efectos:  http://www.sports-reference.com/olympics/summer/1906/
Recomiendo vivamente el libro Athens, Olympic City 1896-1906 editado por la doctora Christina Koulouri y publicado por la Academia Olímpica Internacional en 2004 para quien desee profundizar en torno a los Juegos Olímpicos de Atenas 1906 y a la formación de los comités olímpicos en varios países para acudir a dichos JJOO. Algunos de esos comités no se disolvieron al finalizar los mismos y se transformaron en los Comités Olímpicos Nacionales, el caso de Bélgica es uno de ellos y muy parecido al español, con la única diferencia que ellos así lo tienen asumido y reconocido. Podemos leer en el apartado de historia de la web del Comité Olímpico e Interfederal Belga: “Le capitaine Clément Lefébure, commandant de l’Ecole Normale de Gymnastique et d’Escrime de l’Armée Belge, doit d’être considéré comme le véritable fondateur du Comité Olympique Belge. Cela se passa à l’occasion de la préparation des Jeux Intermédiaires de 1906. Lefébure prit alors l’initiative de former un comité ad hoc qui enverrait des athlètes belges à Athènes. C’est ainsi que fut organisé une réunion le 18 février 1906 à l’hôtel Ravenstein qui avait pour but de créer le COB. Edouard de Laveleye en fut le président et Cyrille Van Overbergh le co-président.” Si se cambia España por Bélgica y marqués de Cabriñana por capitán Clément Lefébure la génesis de nuestro Comité es parecida…

- El Comité Español de los Juegos Olímpicos (“Comité Espagnol des Jeux Olympiques”) fundado y presidido por el marqués de Cabriñana del Monte no era ninguna “comisión” y tuvo siempre “rótulo olímpico” como puede leerse en las numerosas noticias de la época y en los documentos inéditos que localicé en los archivos del Comité Olímpico Griego en colaboración con Vassiliki Tzachrista (Academia Olímpica Internacional) y que publiqué hace unos meses http://olimpismo2007.blogspot.com.es/2012/01/el-nacimiento-del-comite-olimpico.html (correspondencia entre el secretario general del comité olímpico griego y el marqués de Cabriñana y el cónsul griego en Madrid) y que el señor Durántez no comenta ni publica. Se limita a describir así mi artículo: “…traca final de toda la variopinta feria de fuegos de artificio precedentes y que nada nuevo aporta al debate, pese a que su autor, creyendo haber logrado un hallazgo histórico, hace elocuentes dedicatorias al final de su exposición, entre otras a Juan Fauría [sic], que fue el generador histórico de tan lamentable entuerto”.
Al señor Durántez parecen molestarle las dedicatorias de mis artículos, así como que la prensa me mencione: “ha llegado a confundir a un sector de la prensa”.

Por cierto, “Comité Espagnol des Jeux Olympiques” es exactamente la misma expresión que utiliza el marqués de Villamejor en la carta a Coubertin del 20 de noviembre de 1912 en la que le comunica que constituirá “su” comité: “mon Comité Espagnol des Jeux Olympiques”, expresión traducida por el señor Durántez (Pág.39) como “mi Comité Olímpico Español de los Juegos Olímpicos”, añadiendo un “Olímpico” de más.  

- En efecto, estoy convencido de que el el Comité fundado por Cabriñana en 1905 es el mismo que Villamejor preside desde 1909. El mismo que desapareció en 1921 y fue reconstituido en Barcelona en 1924. El Comité Olímpico Nacional de España. La mayor prueba de la continuidad entre los dos comités y entre Cabriñana y Villamejor la dejó este último en la célebre carta a Narciso Masferrer publicada en El Mundo Deportivo el 4 de diciembre de 1913 en la que dice “En efecto, desde hace 4 años, soy representante en España de los Juegos Olímpicos, por imposición de S.A. el Infante Don Carlos, después del fracaso que en la misma representación tuvo mi antecesor el Marqués de Cabriñana”.  El señor Durántez lo explica así (Pág.69): “El contradictorio sentido de ciertos extremos de la referida y reproducida carta en relación a los mismos hechos históricos rigurosamente documentados (colisión de una fuente secundaria con una primaria), hacen pensar si sería el propio Marqués de Villamejor quien la cursara y compusiera, o un tercero a quien le encomendó el cometido, sin descartar el lapsus que pudo sufrir el propio Marqués al precisar las fechas, sin obviar por último en todo caso la impropia y equívoca terminología olímpica de entonces al uso…”
En otras palabras, que cualquier posibilidad es aceptable excepto asumir lo que Villamejor dice con claridad: que era el presidente del COE desde 1909 y que había sucedido a Cabriñana. Sin más.    

- La otra prueba de las muchas que hemos aportado a lo largo de los años (Joan Fauria, Félix Martialay, servidor) en las que el señor Durántez se detiene (lamento que no haya dedicado el mismo espacio y tiempo a comentar los documentos inéditos que publiqué recientemente) es en el artículo de Luis Meléndez (1900-1971) en El Mundo Deportivo del 11 de junio de 1969 en el que explicaba que Coubertin en su visita a Cataluña de 1926 (concretamente en Ampurias) le dijo que el COI había reconocido al COE en 1909. El autor desacredita y critica con contundencia los errores que Meléndez cometió (en 1969), como no saber que el conde de Mejorada y el marqués de Villamejor eran el mismo señor usando dos títulos nobiliarios diferentes o que el marqués de Villaviciosa compitió en tiro (con escopeta) y no en tiro con arco en París 1900. Lo que resulta curioso es recordar que esos errores los hemos leído en libros hasta fechas mucho más recientes, recuerdo que en el libro Asturias Olímpica. Historia de los Olímpicos Asturianos de don Agustín Antuña Suárez (miembro de la AOE), prologado por don Conrado Durántez Corral y publicado en 1992 podíamos leer que el marqués de Villaviciosa había participado en “la modalidad Game Shooting de tiro con arco”. 1992, exactamente 20 años después (13 de julio de 1972) de que el periodista de Marca José Ignacio Viota publicara en su diario un reportaje histórico excepcional en el que clarificaba por primera vez en España que el marqués asturiano había competido en tiro de pichón…¿Cómo era aquello de la paja y la viga?

En resumen quiero puntualizar tres cosas:
- Creo firmemente que el COE se fundó en noviembre de 1905 y que lo que Villamejor hizo el 25 de noviembre de 1912 fue nombrar a los miembros de su comité. Nombrar a los miembros del Comité Ejecutivo que diríamos en lenguaje actual. Ambos actos fueron públicos y aparecen en la prensa de la época, además he descubierto numerosos documentos en los archivos del Comité Olímpico Griego (no los he publicado todos aún) que nos permiten conocer los entresijos de la creación del comité con un detalle máximo. Por lo tanto no debe pensarse que mantengo la tesis que mantengo por incordiar a nadie ni por tener extraños objetivos. Lo mantengo porque lo creo demostrado y probado y lamento ser tan tedioso y repetitivo, pero soy joven y voluntarioso y tengo margen de mejora.

- Nunca he atacado la honorabilidad del COE, no creo que mantener una discrepancia de ámbito histórico sea atacar el honor de nadie, en todo caso nunca ha sido mi intención atacar al COE como institución. De hecho una de las razones por las que decidí centrarme en la investigación de la historia olímpica española fue que me dolió leer algunos comentarios procedentes del extranjero en los que se burlaban por no conocerse los nombres completos de Villota y Amézola, primeros medallistas olímpicos españoles.

- Todo esta polémica nunca ha sido para mi una cuestión personal y va a seguir sin serlo a pesar de este libro, que parece escrito y publicado para mi (o contra mi). Afortunadamente siempre tengo presente una oración de Santo Tomás Moro que mantiene a raya mi ego, la oración del buen humor, no la escribiré entera, pero la frase que más me gusta dice: “Dame un alma que no conozca el aburrimiento, los refunfuños, los suspiros y los lamentos y no permitas que me tome demasiado en serio esa cosa tan invasora que se llama “yo”
Se la recomiendo a todo el mundo.
Tengo mucho respeto al señor Durántez aunque mantenga discrepancias con él en varios puntos y, tal y como le he transmitido en varias ocasiones de forma directa e indirecta, tengo absoluta predisposición al diálogo. Así como a colaborar de forma desinteresada en lo que sea necesario, aportando mis descubrimientos sobre la participación española en los primeros JJOO y compartiendo mis archivos con la AOE.
Me resulta triste como historiador español tener unas relaciones tan cordiales y estrechas con la Academia Olímpica Internacional y con varias academias de países extranjeros y no tener relación alguna con la española. Es sabido lo de “nadie es profeta en su tierra”, pero mi caso parece exagerado y no me resulta fácil de explicar a colegas extranjeros.    

Lamento que el señor Durántez se tome esta polémica como algo personal y me haya dedicado este libro, por mi parte no hay ninguna cuestión personal a dilucidar y le deseo una vida larga y feliz con salud y muchos éxitos al frente de la AOE. Le pido disculpas por ser tan pesado, tedioso y sañudo, aunque me mantengo en mis posicionamientos críticos e independientes y seguiré investigando la historia del deporte y del olimpismo español, disciplinas en las que creo hay espacio para todos.

© Fernando Arrechea Rivas