miércoles, 21 de abril de 2010

JUAN ANTONIO SAMARANCH (1920-2010)


Ante la triste noticia del fallecimiento del marqués de Samaranch, creo sospechar cuál va a ser la reacción de la prensa nacional e internacional. Los homenajes y elogios más o menos sinceros y siempre reiterativos (“à la ville de…. Barcelona”), serán contrarrestados por los ataques e insultos que han sido habituales en los últimos 30 años (pasado franquista, supuesta corrupción del COI), especialmente en la prensa anglosajona. Algunos sectores nacionales se unirán con entusiasmo al coro de reproches: veremos de nuevo las fotos de Samaranch con Franco, le recordaremos vestido con la camisa azul haciendo el saludo romano, etc. No soy adivino, simplemente conozco el percal.
El mismo Samaranch también lo conocía perfectamente y no se sorprendería de estos ataques, tanto lo conocía que cuando le ofrecieron poner su nombre al Museu Olímpic de Barcelona declinó el ofrecimiento, sabía muy bien que la polémica sería instantánea y empañaría cualquier homenaje. Era consciente de que no era tan querido en Barcelona y en Cataluña como en otras latitudes (especialmente Rusia o China) y que era mejor dejar las cosas así. Nadie es profeta en su tierra, y menos en esta tierra.

Creo imposible resumir lo que Juan Antonio Samaranch ha supuesto para el deporte español y para el olimpismo en unos párrafos, baste recordar que estamos hablando del principal responsable de que Barcelona acogiera los Juegos Olímpicos en 1992 y se transformara urbanísticamente y el deporte español abandonara el tercermundismo en el que se movía desde siempre gracias al Plan ADO.
Tampoco sería justo no mencionar la situación en la que se encontraba el COI en 1980 cuando él toma sus riendas: la caja estaba vacía y costaba encontrar candidatas a albergar los Juegos tras el fracaso económico de Montreal 1976 y los boicots políticos.
En pocos años, gracias a su visión y a sus brillantes colaboradores, unos JJ.OO. amenazados de muerte se convirtieron en el acontecimiento más importante de la tierra y en objeto de deseo de todos los gobiernos y todas las ciudades.

Por supuesto también hay errores en su vida y hechos criticables (¿quién podría vivir 90 años sin ellos?), pero no empañan sus logros.
Podríamos hablar de “otros Samaranchs” olvidados en el tiempo: el joven boxeador o jugador de hockey sobre patines, el seleccionador nacional de hockey patines campeón del mundo, el periodista deportivo, el eficaz gestor que salvó los Juegos del Mediterráneo de Barcelona en 1955, el político que intentó modernizar las anquilosadas estructuras del deporte español en los años 60 o el primer embajador de España en la URSS desde la Guerra Civil.

Todos ellos eran la misma persona y hasta aquí ha llegado su viaje.
Hasta luego y gracias.